• Ivette Estrada

Una cita aplazada para visitar una iglesia, el halago prodigioso que rompe la tarde triste, la palabra Dios que se impone entre los crótalos del corazón, el cese súbito de mendigar atención, la rutilante proeza que sólo tú ves en ti misma...esos son los placeres que se tejen en el día a día.

Nuestra realidad ahora se concentra en diminutos hallazgos, en los amaneceres que preludia el canto de los pájaros, en las tonalidades de la luz de verano, en recuerdos breves de días que ya se fueron.

La vida tras el Covid nos hace volver a las raíces, a regresar a lo que realmente importa, a descubrir la importancia de la familia, el hogar, los soliloquios y el silencio. La felicidad ya no es una estandarizada moneda de cambio. No es apariencia, se convierte en una esencia sencilla y única como cada uno de nosotros.

Los rituales ahora no emulan lo dictado en los medios de comunicación, no son copias falaces de lo impuesto, sino que corresponden a nuestras creencias y una larga idiosincracia que se había perdido en el bullicio de una vida que anhelaba suplir las grandes preguntas de la vida con compras frenéticas y anhelos rotos ahora, tras la criba de lo verdadero.

El hedonismo, como nuestros hábitos y maneras de interrelacionarnos, trabajar y soñar ahora son nuevos. Reescribimos nuestra historia sin haberlo imaginado.




  • Ivette Estrada

Orar es el principio de las cosas buenas, el cimiento de las construcciones felices, la puerta para escapar de la incertidumbre, afianzar nuestra fe en realidades más felices. Es hablar con Dios. No con frases aprendidas de memoria que no representan nuestra esencia, sino con el verdadero clamor de quiénes somos y lo que tememos, amamos y buscamos. Es encontrar un Dios que habla nuestro idioma y comprende las creencias y mitos que envuelven la percepción y manos. Hablar con Dios es encontrar una guía en medio de la incredulidad y el caos, es permitirnos añorar sucesos mejores y tratar de ser la persona que anhelamos ser desde el principio del tiempo. Que en nuestro corazón exista sabiduría para enfrentar todo y ser todo.


  • Ivette Estrada

_ Aguarda. No es tiempo aún. Falta muy poco para que se defina tu destino. Ya sembraste. Ya no queda por hacer, sólo esperar. Te atreviste: la vida te responderá. No falta mucho. Este mes concluirá todo.

Entonces dejé de escrudiñar el cielo para obtener respuestas y cesé de gritarle al silencio. El zangoloteo del corazón se volvió más tenue y recobré mi propia voz en el soliloquio más largo, el que tiene las mismas dimensiones que una esperanza.