• Ivette Estrada

_ El corazón, cofre del subconsciente, desconoce dos palabras: nunca y siempre. Mientras tengas vida amarás a distintos seres de maneras singulares, sin imoortar si aparecieron al inicio o final de la existencia. No podrás prederminar caducidad ni término, ni comprometerte a que perdurará un sentimiento hasta donde concluye la vida. Cada día será único tanto como los seres que moran en cada instante. Así, acostumbra a valorar lo que vives y ama sin nostalgia ni promesas. El paso por esta vida pronto se extingue.

Cesó de pronto mi propia voz. Desperté de golpe. El atrapa sueños se bamboleaba aún en la cabecera.



  • Ivette Estrada

A medida que las empresas, los gobiernos y las ciudades se encuentran en diferentes fases de reapertura, todos están en un estado constante de evaluación de lo que es seguro, lo que no es y cómo serán las próximas semanas, meses y años.

El papel de los lugares de trabajo cambia, no desaparece. La mayoría de los trabajadores lo hacen de manera remota, principalmente por primera vez, y existe gran interés por ampliar esos arreglos a largo plazo. Ahora profesionistas de distintos sectores se preguntan si un viaje diario a una ubicación central es realmente necesario, no necesariamente buscan abandonar completamente los lugares de trabajo tradicionales.

Diferentes encuestas globales determinan que el 30% considera el trabajo remoto a tiempo completo como el escenario a largo plazo más atractivo. El 64%, en cambio, desea pasar parte de su jornada laboral en una oficina u otro lugar de trabajo “tradicional” y no en casa.

Entre tanto, las empresas buscan cómo reabrir. Los trabajadores son muy conscientes de la falta de estrategia. Hay grandes lagunas en las percepciones de seguridad. Los más cautelosos son quienes están en el sector médico y biotecnología mientras los empleados de servicios financieros expresan relativa comodidad y claridad en sus situaciones.

Sin embargo, existen dos factores comunes en todos los sectores económicos: limpieza mejorada y la no saturación de espacios son pilares de cualquier estrategia de reapertura. Los trabajadores de oficina ponen especial énfasis en el rastreo de contactos, mientras que los trabajadores de fábrica y minoristas son parciales a los controles diarios de bienestar.

El 52% de los trabajadores dicen que se siente cómodo compartiendo información personal como datos de salud y contactos para mantener el lugar de trabajo seguro. Los millennials son los más dispuestos (59%) mientras que los baby boomers son los menos dispuestos (40%).

Las circunstancias personales y familiares son un obstáculo para los trabajadores jóvenes y de bajos ingresos

Todos los trabajadores se enfrentan a desafíos a medida que los lugares de trabajo se reabren, incluidos los temores en torno a la experiencia de construcción a la que volverán, el riesgo de estar expuestos a compañeros de trabajo enfermos y lo productivos que pueden ser en un entorno radicalmente diferente. Sin embargo, los trabajadores de bajos ingresos y jóvenes son más propensos a tener circunstancias personales como el cuidado de niños o el cuidado de ancianos que complican su camino a seguir.

El 70% de los trabajadores de Gen Z y el 68% de los trabajadores milenarios, por ejemplo, están al menos moderadamente preocupados por sus circunstancias familiares o personales al regresar al trabajo, en comparación con el 35% de los baby boomers. Esta preocupación también es más aguda entre los trabajadores de menores ingresos, que tienen 11 puntos porcentuales más probabilidades que sus contrapartes de ingresos más altas de expresar tales ansiedades.

Asimismo, los trabajadores de bajos ingresos también son menos propensos a decir que tienen el espacio para trabajar desde casa a largo plazo (42%) que los trabajadores de altos ingresos (59%).


  • Ivette Estrada

Se entretejen con las acciones cotidianas y nos permiten transitar por diferentes etapas de vida. Cierran e inauguran nuevos ciclos y vivencias. Permiten afrontar los duelos y darle la bienvenida a la vida y a nuevos retos. Los ritusles nos permiten organizar las horas.

Sin embargo, existen prácticas aún no establecidas con firmeza en la cotidianeidad: los rituales que nos predisponen a la felicidad. Asumimos, erróneamente, que se trata de un don fortuito y que no podemos predisponernos a él. Sin embargo, algunas acciones nos permiten imbricarnos con una percepción más benigna y esperanzadora de todo. Les llamo arbitrariamente, rituales de alegria.

Se trata de acciones humildes, casi imperceptibles que soslayamos o de plano ignoramos, pero que nos permiten un mayor disfrute de todo. Enumeré algunas de ellas, pero cada uno de nosostros debe generar un listado que reflejará nuestra unicidad.

  1. Agradecer la respiración y la luz. Un nuevo día es esperanza viva para descubrir y realizar. Dar las gracias por tener vida y mirar la luz son acciones tácitas para reconocer a Dios en nosotros.

  2. Meditar. Bastan sólo unos momentos para percibir los crótalos del corazón, calmar los sentidos, abrirnos a las experiencias de vida. Una manera muy sencilla de meditar es poner las manos sobre el corazón y respirar lentamente, concentradas en el bamboleo dulce que se aprecia dentro del pecho.

  3. Sonreír. La primera mirada al espejo debe pintar una sonrisa auténtica y agradable. Es tomar consciencia de lo importante que eres para tí mismo. Incluso si sonríes no sólo generas una imagen más atractiva para otros, sino que tu cerebro asume que eres feliz y genera una dosis considerable de endorfinas que te propician bienestar.

  4. Comer despacio y en platos de colores. No sólo se trata de tener vajillas coloridas sino platillos con distintas formas y tonalidades.

  5. Vestir prendas de telas suaves y líneas orgánicas. La ropa y el calzado nos permiten una aproximación importante del bienestar. Buscar tonalidades con las que nos sintamos bien. Evitar prendas ásperas y estructuradas.

  6. Buscar la belleza en cada rincón. Fotografías de nuestros seres queridos, plantas y flores transforman los lugares comunes y los llenan de una magia especial.

  7. Brindar tu trabajo cotidiano al arquietecto de la vida, tus ancestros o causa significativa, por pequeño y humilde que sea tu trabajo bríndalo al bien.


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