• Ivette Estrada

Recuerdo

La música del corazón no cesa. A veces es leve tintineo, murmullo que se pierde entre las pisadas del tiempo, dentro del cuerpo del vidrio y en la piel de los imanes. Duerme en los relojes, en cavernas y pozos…se despliega feliz ante la lluvia y los manantiales y se vuelve estruendosa en el vientre de los bosques y en el paso veloz de las llanuras. Conforme transcurre la vida logramos distinguir las mil melodías que yacen entre nuestro esqueleto y el pecho, les ponemos incluso nombre y apellido. Así aparecen los rezos callados, el canto que se escabulle entre las piedras, el que flota en el polvo de oro de los dientes de león veraniego y el sonido-solaz-nido de las voces amadas, de las palabras que desde el cielo me dice todavía mi mamita. En la música interna hay risas que el tiempo recicla y revive la infancia y los juegos. Entonces no existe la muerte, se deshace el tiempo y te aferras a promesas no dichas. En el silencio más hondo amanece todo, te reencuentras. Respiras. Algo bueno germina.



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