• Ivette Estrada

Placeres del día a día

Una cita aplazada para visitar una iglesia, el halago prodigioso que rompe la tarde triste, la palabra Dios que se impone entre los crótalos del corazón, el cese súbito de mendigar atención, la rutilante proeza que sólo tú ves en ti misma...esos son los placeres que se tejen en el día a día.

Nuestra realidad ahora se concentra en diminutos hallazgos, en los amaneceres que preludia el canto de los pájaros, en las tonalidades de la luz de verano, en recuerdos breves de días que ya se fueron.

La vida tras el Covid nos hace volver a las raíces, a regresar a lo que realmente importa, a descubrir la importancia de la familia, el hogar, los soliloquios y el silencio. La felicidad ya no es una estandarizada moneda de cambio. No es apariencia, se convierte en una esencia sencilla y única como cada uno de nosotros.

Los rituales ahora no emulan lo dictado en los medios de comunicación, no son copias falaces de lo impuesto, sino que corresponden a nuestras creencias y una larga idiosincracia que se había perdido en el bullicio de una vida que anhelaba suplir las grandes preguntas de la vida con compras frenéticas y anhelos rotos ahora, tras la criba de lo verdadero.

El hedonismo, como nuestros hábitos y maneras de interrelacionarnos, trabajar y soñar ahora son nuevos. Reescribimos nuestra historia sin haberlo imaginado.




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