• Ivette Estrada

El carisma está sobrevaluado por unos y ninguneado por otros. En ambos casos representa pérdidas empresariales de al menos 33 por ciento en cada caso. La brecha entre ambas posturas está en asumir que el carisma palia todas las deficiencias y errores, por un lado, o de plano se elimina sistemáticamente en las causas empresariales. Así, se asume que el carisma-popularidad posee la fuerza y contundencia necesaria para no requerir competencias cruciales de gestión, como la experiencia y conocimientos técnicos, pero en el extremo opuesto se nulifica en la iniciativa privada, con lo que se reducen los índices de productividad e innovación. En América Latina el carisma se emplea solo en las prácticas políticas y gubernamentales. Sin embargo, muchas veces es un antifaz para cubrir incompetencia o malos manejos. Esto induce a que los líderes empresariales lo desdeñen por considerar que es un recurso propio de “embaucadores”. Sin embargo, existen tácticas que permiten que el carisma se convierta en una estrategia efectiva y ética para generar mayor influencia y confiabilidad a partir del modelo aristotélico de persuasión que une logos (razón), ethos (ética) y phatos (emoción). El logos se basa en datos y fundamentos teórico-científicos, el ethos en el referente (reputación) de la empresa y sus líderes, y el phatos en compartir anécdotas y experiencias. ¿Para qué sirve esto? Los líderes más efectivos ponen el liderazgo carismático encima del transaccional (el palo y la zanahoria) e instrumental (basado en tareas) para lograr sus objetivos. El liderazgo carismático está vinculado a la comunicación. ¿Cuáles son las tácticas del liderazgo carismático? Muchos se ejemplifican claramente en la oratoria y la manera de interactuar verbalmente con los demás: metáforas, símiles y analogías; historias y anécdotas; contrastes; preguntas retóricas; listas en tres partes; expresiones de convicción moral; reflexiones de los sentimientos del grupo; establecimiento de metas altas y la confianza de que se pueden lograr. Tres tácticas son no verbales: voz animada, expresiones faciales y gestos. Existen otras tácticas que los líderes pueden usar como crear un sentido de urgencia, invocar la historia, usar la repetición, hablar de sacrificio y usar el humor, pero las ya enunciadas tienen mayor poder de convicción para alinear objetivos, alentar, inspirar y crear. Incluso, pueden unir seguidores en torno de una visión. En suma: un buen orador logra que se perciba con mayor liderazgo, competencia y confianza. Sin embargo, estas tácticas no se enseñan en el mundo de los negocios. Los directivos que los practican las aprendieron por prueba y error, sin pensar conscientemente en ellas, pero ese aprendizaje no debe dejarse al azar. Así, es conveniente generar talleres en los que se esbocen conceptos y luego se muestren noticias y clips de películas que resaltan ejemplos de negocios, deportes y política. Es recomendable también que los líderes experimentan y practiquen las tácticas en video, delante de sus compañeros y por su cuenta. Ahora, el objetivo de tales tácticas de carisma no solo se aplica en la palabra pública, sino en las conversaciones cotidianas. En todos los casos funcionan porque ayudan a crear una conexión emocional con los seguidores, pero al mismo tiempo se refuerza la percepción de poder, competencia y respeto.



  • Ivette Estrada

Por pudor no diré que sueño con tus manos y que recreo una y otra vez el sabor de tu boca. En voz alta no confesaré que imagino que mi sombra se acurruca contigo y que el único tatuaje en mi cuerpo es tu nombre en cada uno de los vértices de mis huesos. Callaré que los senderos que traza la imaginación inician y culminan en tu carne y nunca diré que en la tapia de mis recuerdos está el sello inescrutable de tu voz. Con la luz del día desaparecerá todo esto para reducirlo a sonrisa de junio, pasión acallada, agua quemada.


  • Ivette Estrada

Cuando los muertos se convierten en cifras, los enfermos son desgracias ajenas y el hambre no toca nuestras puertas, es posible que generemos narrativas de indiferencia y alejamiento emocional para disminuir nuestro sentido de vulnerabilidad y miedo. Sin embargo, ese alejamiento autoimpuesto puede incidir en la pérdida abrumadora de compasión.

Covid-19 entonces nos lleva a un contagio muy peligroso y triste, porque la no compasión es una acción contundente de desesperanza y desamor.

“En un mundo huérfano de dioses, la compasión es el vínculo con el otro más complicado e improbable”, asevera con pesadumbre la filósofa Chantall Maillard. La evidencia científica, sin embargo, se contrapone a esta apreciación.

Así, Stephen Trzeciak y Anthony Mazzarelli, científicos de Cooper University Health Care en Nueva Jersey, establecen que cientos de estudios muestran que la compasión conduce a mejores resultados para los pacientes y menores tasas de agotamiento para los médicos.

¿Qué es compasión? paliar el sufrimiento y dolor en los otros. Es decir, configura al amor. Y ninguna vida se escribe sin una referencia sobre él. El amor es lo que nos humaniza y nos permite crear, transformar y vivir. Nos dota de fuerza, ingenio y propósito. Es lo que nos da sentido.

En la cultura occidental amor lo consideramos como un generador del bien, pero olvidamos que el mal también existe y no podemos centrarnos en la luz sin percibir las sombras. En pos de lo positivo, también debemos tratar de minimizar la obscuridad en el otro.

Existe una idea equivocada de la compasión se asume como lástima. Pero lástima no es dignidad o el asumir que todos merecemos lo mejor. La lástima es humillante, no enaltece, denigra. La compasión es respeto. Asumir que el otro pasa por una situación difícil, en la que podemos estar nosotros, y por ende tratamos de ayudarlo a sobrepasar esto.

Compasión es una faceta muy particular de la empatía: asumimos el dolor del otro como nuestro, pero generamos una acción deliberada para minimizar o desvanecer su daño. Es una acción desinteresada de humanismo. No tiene que ver con la posesión de determinados recursos como el tiempo o el dinero para ejercer la compasión, se trata de que el otro deje de ser un ser lejano y se convierta ante nuestros ojos en una persona.

Hay una manera muy sencilla de ejercer la compasión: trata a los otros como te gustaría que te trataran a ti. No se necesita mucho, a veces sólo el tono de la voz, una sonrisa, una percepción menos obtusa y prejuiciosa. Sólo basta tener consciencia de que todos somos uno.

¿Y que nos aporta la compasión?

En una sociedad donde la transacción es común, no resulta rara la pregunta. En la medida en la que nosotros somos capaces de respetar al otro y buscar minimizar su incertidumbre, pena o infortunio, generamos una imagen más positiva de nosotros mismos. Es decir, abonamos notablemente a la propia autoestima y a la percepción de que poseemos dones capaces de ayudar al otro.

La filantropía incide en la fortaleza inmunológica y genera mayores grados de concentración, creatividad y racionalidad. Algo más: dota de mayor sentido nuestra propia vida.

Sí. Creemos en el amor, pero desear para los otros el bien también implica que tratemos de minimizar el mal en el otro.